Público y Privado. Una relación de amor-odio.

En los últimos tiempos, se oyen muchas voces discordantes en cuanto al papel y el grado de implicación de la empresa privada a la hora de realizar tareas relacionadas con el desarrollo de servicios públicos.

Hay quien está en contra de que las empresas privadas realicen cualquier trabajo que podrían hacer las Administraciones públicas argumentando el mayor coste, sustitución de servicios públicos por otros de pago, adjudicaciones injustas.

Sin embargo, hay otro tipo de opinión que defiende la privatización de los servicios públicos al completo, alegando mayor eficiencia, rapidez, y productividad de las empresas privadas respecto a los organismos públicos.

Y.. Sorpresa! Seguramente todos tienen razón en parte: Hay servicios que deben ser ofrecidos por la Administración dado su carácter público, y otro tipo de trabajos que las empresas privadas realizan de manera más eficiente, así que en el equilibrio está la virtud.

Poniendo un ejemplo doméstico: En una casa se está haciendo una reforma, la familia intenta hacerlo todo por sus propios medios, pero llega un momento que hay que cambiar una tubería, así que deciden llamar a un fontanero para que realice el trabajo más especializado, ya que no es rentable comprar todas las herramientas de fontanería necesarias para realizar solamente un trabajo, el resto de trabajo consiguen hacerlo ellos mismos.

En este caso la familia sería un organismo público que utiliza los servicios de una empresa privada, el fontanero, para trabajos muy concretos que no son rentables realizar internamente.

Las colaboraciones público-privadas, sobre todo en estos momentos en los que se reducen gastos al mínimo y se persigue la optimización de todos los recursos posibles, están más a la orden del día que nunca.