Multas: ¿Afán recaudatorio o Efecto disuasorio?

Las ordenanzas que dictaminan la imposición de multas siempre se justifican en generar un efecto disuasorio, para conseguir que los ciudadanos no cometan infracciones, y de tal manera hacer más segura la circulación vial.

Existen muchos tipos de multas, según la naturaleza de cada una se hace más entendible o menos la intencionalidad de los ordenantes de disuadir a los ciudadanos de cometer imprudencias y/o actos delictivos.

Las multas por exceso de velocidad en zonas señalizadas con radar, multas por ignorar señalizaciones como semáforos, STOPS, direcciones prohibidas, son multas que entendemos como disuasorias y admitimos la sanción por haber cometido una infracción. Comprendemos fácilmente que dichas multas son impuestas con el fin de proteger a todos los usuarios de las vías, incluidos nosotros mismos.

Sin embargo hay otro tipo de multas, como las impuestas mediante radares ocultos, y radares móviles no señalizados previamente, cuyo efecto disuasorio es más difícil de entender. A simple vista parecen acciones planificadas con afán recaudatorio para incrementar los ingresos de las arcas públicas. Pero si profundizamos un poco más vemos que la intención de las administraciones públicas es erradicar las infracciones por completo, y para ello toman las medidas que creen más eficientes.

Las multas de tráfico siempre son polémicas, a nadie nos gusta recibirlas, pero ¿qué pasaría si no existieran? ¿Son realmente las multas la solución para la siniestralidad en nuestras carreteras? ¿Es adecuada la educación vial que recibimos?